Entré a mi cuenta de correo y me encontré con un mensaje en el que Jaime Randolph, candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en Aguascalientes, solicitaba mi amistad en Facebook. La primera reacción fue de diversión, ante las nuevas estrategias de los políticos para hacer circular su propaganda. Pero una reflexión más pausada me lleva a pensar que esta situación requiere un análisis más profundo. No sólo es una nueva estrategia de promoción política, sino una colonización de los espacios de encuentro privados por parte de los actores de la política.
Las campañas políticas en México, de cara a conformar la Legislatura Federal, han tomado una modalidad conversacional, y para ello pretenden aprovechar la infraestructura virtual de sitios de redes sociales.
La influenza A/H1N1, si algo ha sacado a la luz además del miedo, es la gran desconfianza que los mexicanos tenemos hacia nuestras autoridades. Rossana Reguillo considera que ese puede ser el hilo conductor entre los diversos mails que denuncian una conspiración desarrollada en el corazón de la política. Yo creo que esa desconfianza en el aparato institucional, conectado con las muchas promesas incumplidas de las que hemos sido sujetos, se mezclan y traen como resultado un hartazgo ciudadano respecto al discurso de los políticos.
Desde hace mucho tiempo, nuestra experiencia cotidiana y nuestras demandas y temores colectivos, parecen estar deconectados y, a veces, navegar a contracorriente en relación con las agendas y los motores de la política institucional (Bauman, dixit)
Ahora, esos mismos políticos, pretenden colonizar los espacios de encuentro en donde se mezclan los comentarios cotidianos, triviales, familiares, cercanos, con la crítica política, el humor ácido, el despliegue del ego a través las fotos con las que quiero mostrar a mis contactos en la red quién soy, qué hago, cuáles son mis gustos y mis aficiones.
¿Y para qué? Ciertamente no será para interactuar conmigo, poner comentarios a mis posts, o contestar quizz. Será para tener un canal más de distribución del mismo discurso que saturará a otros canales de comunicación, aún con las reformas legales del 2007 y 2008 que han establecido límites y controles a las campañas mediáticas en los procesos electorales.
jueves, 7 de mayo de 2009
miércoles, 6 de mayo de 2009
El humor restituye los daños...
Porque nos asocia, nos vuelve cómplices. Ayuda a diluir los miedos, nos permite reirnos de nuestras desgracias y, como en todos los tiempos, es una excelente estrategia de insubordinación y rebelión...
Música y humor en tiempos de crisis...
El mundo se va a acabar
Cumbia de la influenza
La gripe del marrano
Pasito duranguense de la influenza
El corrido de la influenza
Música y humor en tiempos de crisis...
El mundo se va a acabar
Cumbia de la influenza
La gripe del marrano
Pasito duranguense de la influenza
El corrido de la influenza
martes, 5 de mayo de 2009
La pandemia informativa. Comunicación e influeza vistas desde Canadá
Era el domingo 3 de mayo. Había revisado algunos diarios y noticieros mexicanos por internet en donde se daba cuenta de la discriminación sufrida por los connacionales en el extranjero. Yo no la había experimentado en Quebec, donde parece haber bastante civilidad entre los habitantes dada la interculturalidad que marca a la ciudad. Ya con esa información en la cabeza, salimos a llevar a los niños a la alberca, para que se distrajeran del encierro (pobres, no tienen culpa por tener un padre tesista).
En la parada del autobús, se acerca una señora de edad avanzada. Sonríe a los críos. Levanta la cabeza hacia el adulto y hace la inocente pregunta: quelle est votre nationalité?
Vacilo. Intercambio mirada con mi pareja que comparte el predicamento. Paso saliva. Respondo con nerviosismo: mexicaine. Las noticias que en estos días se publican en los medios de comunicación, hacen parecer que fuera del territorio nacional ser mexicano es un crimen sanitario. Espero la desaprobación, el comentario sobre la gripe, pero no viene. En lugar de eso me pregunta si vamos a permanecer en la ciudad, si somos residentes.
Pasado el incidente, en mi calidad de analista social, me pregunto: ¿qué significa este temor? ¿lo comparten otros en mi situación de mexicanos viviendo en el extranjero? Regreso a los medios noticiosos en internet, y encuentro historias, en Italia, en China, en Alemania, en Chile, en Argentina. Otros compatriotas humillados, vejados o por lo menos ignorados.
Leo en los medios mexicanos que el gran problema de la influenza A, no es tanto el virus que parece que comienza a ser contenido, sino la desinformación con la que ha actuado el gobierno mexicano. La pésima respuesta del sector salud. No lo sé de cierto, parafraseo a Sabines, pero lo supongo. No tengo más información que la que puedo leer y la que me comparte mi familia , desde Aguascalientes, obligada a permanecer entre cuatro paredes por una semana.
Así que recurro a los medios canadienses. Pero no veo diferencia. Veo los mismos niveles de alarmismo. Vuelos de Canadá a México limitados. Reflexiono y creo que es una necedad creer que no viajar a México va a significar alguna diferencia. Sin embargo la información derrumba mi hipótesis: los 144 casos hasta ahora registrados de influenza A en Canadá se relacionan con estancias en México, según los medios. Je suis tombé. Ahora no sé verdaderamente qué pensar.
¿Será que de verdad México se ha convertido en un foco de infección global? ¿o será que las deficiencias informativas no son privativas de México? Así que planteo una nueva hipótesis: la desinformación, al igual que la influenza, es global. A la pandemia viral la acompaña una pandemia informativa que resalta el sensacionalismo y se asienta sobre las ganancias económicas que se incrementan conforme lo hace la audiencia, y qué mejor manera de hacerlo que dándole un buen espectáculo.
En la parada del autobús, se acerca una señora de edad avanzada. Sonríe a los críos. Levanta la cabeza hacia el adulto y hace la inocente pregunta: quelle est votre nationalité?
Vacilo. Intercambio mirada con mi pareja que comparte el predicamento. Paso saliva. Respondo con nerviosismo: mexicaine. Las noticias que en estos días se publican en los medios de comunicación, hacen parecer que fuera del territorio nacional ser mexicano es un crimen sanitario. Espero la desaprobación, el comentario sobre la gripe, pero no viene. En lugar de eso me pregunta si vamos a permanecer en la ciudad, si somos residentes.
Pasado el incidente, en mi calidad de analista social, me pregunto: ¿qué significa este temor? ¿lo comparten otros en mi situación de mexicanos viviendo en el extranjero? Regreso a los medios noticiosos en internet, y encuentro historias, en Italia, en China, en Alemania, en Chile, en Argentina. Otros compatriotas humillados, vejados o por lo menos ignorados.
Leo en los medios mexicanos que el gran problema de la influenza A, no es tanto el virus que parece que comienza a ser contenido, sino la desinformación con la que ha actuado el gobierno mexicano. La pésima respuesta del sector salud. No lo sé de cierto, parafraseo a Sabines, pero lo supongo. No tengo más información que la que puedo leer y la que me comparte mi familia , desde Aguascalientes, obligada a permanecer entre cuatro paredes por una semana.
Así que recurro a los medios canadienses. Pero no veo diferencia. Veo los mismos niveles de alarmismo. Vuelos de Canadá a México limitados. Reflexiono y creo que es una necedad creer que no viajar a México va a significar alguna diferencia. Sin embargo la información derrumba mi hipótesis: los 144 casos hasta ahora registrados de influenza A en Canadá se relacionan con estancias en México, según los medios. Je suis tombé. Ahora no sé verdaderamente qué pensar.
¿Será que de verdad México se ha convertido en un foco de infección global? ¿o será que las deficiencias informativas no son privativas de México? Así que planteo una nueva hipótesis: la desinformación, al igual que la influenza, es global. A la pandemia viral la acompaña una pandemia informativa que resalta el sensacionalismo y se asienta sobre las ganancias económicas que se incrementan conforme lo hace la audiencia, y qué mejor manera de hacerlo que dándole un buen espectáculo.
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